Cuando llegué con Juanjo Fernández a la Universidad Autónoma de Barcelona en enero de 1974 para empezar Filosofía y Letras, él con diecinueve años y yo con diecisiete, a los dos nos bullía en la cabeza una mezcla estrafalaria de ideas revolucionarias que encajábamos en un sistema propio del que estábamos perfectamente convencidos. Ante todo, éramos anarquistas, y pronto empezaríamos a militar en la...