Entre las muchas anécdotas recogidas en Enormes minucias, Chesterton cuenta en «El ángel rojo» que una señora le dirigió una carta en la que sostenía con toda seriedad que los cuentos de hadas son desaconsejables porque infunden miedo a los niños. Ningún mal le haría a esa señora de principios del siglo pasado, cuyo puritanismo ha dejado herencia en nuestro tiempo, recordar primero algo...