Siempre he sentido un gran consuelo con la renuncia de Moses Herzog al final de Herzog (1964), la novela de Saul Bellow. Herzog tiene una capacidad extraordinaria para analizar el mundo. Formula diagnósticos sobre la sociedad, recuerda a los grandes filósofos y examina las motivaciones ajenas con precisión. Pero esa capacidad no le garantiza la comprensión de su propia vida. Escribe cartas a todos:...