Autor: Lucas Tusquets

Molestia

La felicidad resulta, por abstracta, razonablemente molesta, y si se piensa en su plena realización, por inimaginable, queda relegada al mito. Algo tiene esta idea también de burlesca cuando a menudo es difícil la adecuada ponderación de la tragedia —sea ésta íntima, como el amor en vano o la pérdida de un ser querido, o comunitaria; por ejemplo, alguna circunstancia que imposibilite la paz en un territorio—, y así parece que uno —el que escribe, y todo aquel que lo vea de igual manera, claro— necesite incluso del cobijo de la infeliz autopercepción para no acabar agotado; sin dejar de preguntarse, en el fondo, si es precisamente esa aparente comodidad la que más le consume. Esa mítica molestia fue una preocupación capital para el pensamiento estoico: según Séneca, «es feliz el que tiene un juicio recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que quieran, y es amigo de lo que tiene; es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a todas las cosas de su vida». …

Libres o iguales

Cuando se presenta la ocasión de influir en el destino de todos —porque eso es lo que entraña el sufragio—, de manera necesaria se le impone a cada cual el dilema entre ejercer la soberanía personal y abandonarse al automatismo. Entre la afirmación y la pérdida de libertad. Cosa vulgar, sea dicho, el empeño en reducirla al ‘hacer cada uno lo que le da la gana’, si se entiende por ello el obedecer únicamente a nuestras inclinaciones. Libre es aquel que actúa incluso en contra de su voluntad; tan alérgico a la servidumbre que no consiente siquiera entregarse a sus propias pasiones.  Hoy, en un acoso sistemático a lo personal por lo político, se les atribuye a determinaciones como esas un carácter casi herético. Pero no puede ser eso más absurdo cuando tampoco cabe interpretarlas como una traición a la propia naturaleza del hombre, ya que la política no le pertenece sustancialmente. Bien hace Arendt en recordar su cualidad relacionante, pues «nace en el Entre–los-hombres, por lo tanto completamente fuera del hombre». Dicho de otro …

La rosa es sin porqué

En el prefacio a El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde no solo responde a los críticos que condenaban su novela por inmoral, sino que también regala una de las reflexiones más acertadas de la estética, al tiempo que casi parece negarla: «A un hombre le podemos perdonar que haga algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla infinitamente. Todo arte es completamente inútil». Roger Scruton recupera la cita en su documental Why Beauty Matters? para demostrar, a través de la arquitectura tradicional, que la belleza es una necesidad universal: sus detalles decorativos, perfectamente inútiles, a la vez se hacen indispensables por su complaciente armonía, y así nos revelan que tenemos algo más que necesidades primarias; que el hombre es, en gran medida, un ser espiritual. «Resulta que nada es más útil que lo inútil», concluye. Para las mentalidades excesivamente panglosianas —no por optimistas, sino por su tendencia a creer que todo existe para cumplir con un fin determinado—, esas observaciones saben a poco. La obra …