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A vueltas con la tradición literaria, más una fábula

El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. — William Faulkner Cómo leen nuestros contemporáneos es hoy una pregunta superflua o apremiante. Si lo primero, por la razón a la que apunta el desplome de los índices de lectura en nuestra y cualquier otra sociedad: muerto el perro, se acabó la rabia. Es evidente que se puede vivir y prosperar de la cuna a la tumba sin haber leído un solo poema, una sola novela, el más breve de los ensayos. Hay quienes declaran que la relegación de la literatura es marca de progreso; son los mismos que piensan que el único saber útil es el científico, y que la literatura es fumistería y distracción. ¿Qué puede enseñarnos una ficción? Y si las ficciones de hoy no aportan nada a la urgente tarea de hacer cuanto antes realidad el mundo feliz del radiante futuro, ¿qué decir de las de ayer? ¿Qué causa o razón puede justificar que dediquemos un minuto de nuestro valiosísimo tiempo a leer un verso de Shakespeare, un párrafo de Cervantes, un …

América, todavía

Los musicales que pasan a la historia suelen hacerlo por uno o dos números memorables. West Side Story tiene varios. Uno de ellos, «América», escenifica una disputa entre los Sharks, la banda de puertorriqueños, y sus mujeres. En un patio con escaleras de incendio típico del Upper West Side del Nueva York de los 60, ellas celebran las virtudes de vivir en Estados Unidos y ellos responden con sorna que lo único que hacen es conformarse con las migajas que les dejan los americanos. Lo que vienen a decir ellas es que en América vivirán siempre mejor que los puertorriqueños, lo que defienden ellos es que aquí vivirán siempre peor que los americanos. «Free to be anything you choose», canta la fabulosa Anita. «Free to wait tables and shine shoes», le responde uno de los Sharks. En el fondo, hablan del gran dilema de la persona con ambiciones que vive en un país subdesarrollado: quedarse y aspirar a ser el mejor en un entorno limitado, o emigrar y empezar desde abajo; permanecer donde siempre habrá …

A propósito de Benjamin Constant

La filosofía empezó a pensar seriamente el pasado cuando el proyecto moderno que arrancó a comienzos del siglo XVII llegó a su cumplimiento a finales del XIX. El pasado, la historia, se vuelve entonces tema de la filosofía. En otras palabras: la historia de la filosofía, hasta ese momento, era lo que estaba todavía por hacer, de modo que no podía ser aún objeto de estudio. Para que algo pueda ser en general tema de una investigación, primero tiene que reconocerse, encontrarse, descubrirse.  Decimos anacrónicamente que el tema de la filosofía griega es el ser, pero lo cierto es que, stricto sensu, el ser será lo que haya precisamente cuando ya no haya filosofía griega, porque es lo que en ella, en el recorrido que tradicionalmente se dice que va de Tales a Aristóteles, y desde el punto de vista de los que vienen después, se reconoce, se encuentra, se descubre. Del mismo modo, tampoco puede afirmarse que el tema de la filosofía moderna sea el lenguaje, el enunciado, porque eso, lo lingüístico, será precisamente …

Del Homo festivus. Leer hoy a Philippe Muray

Siempre hay que decir lo que vemos.Sobre todo, hay que ver lo que vemos, lo cual es más difícil.— Charles Péguy A Philippe Muray le gustaba citar esta frase de Nuestra juventud, ensayo de Péguy publicado en 1910 en Cahiers de la Quinzaine. Curiosamente, Alfred Dreyfus dio de baja su suscripción a Cahiers poco después de leerlo, a pesar de haber sido este autor uno de los más notables defensores de su causa. Se piensa que el enfoque excesivamente cáustico de la denuncia por Péguy de la degradación política de los valores de la República, a raíz de las virulentas polémicas sobre el caso Dreyfus que durante más de una década sacudieron la vida pública francesa, pudo motivar el gesto de Dreyfus. Que conviene no olvidar que fue, además de judío, un militar y un patriota francés. Mucho más cáusticos que los de ese antecesor en las lides de fustigar los males de su país son los escritos de Muray. Perfectamente inclasificable por varias razones, algunas de las cuales recordaré más adelante, este escritor dejó, …

Inteligencia y consciencia

De un tiempo a esta parte, la rápida progresión de los modelos de lenguaje computacional ha creado una especie de psicosis social sobre la posibilidad de que la IA desarrolle autoconsciencia. Algunos incluso creen que eso ya ha ocurrido, y esa convicción, que en algunos casos es deseo y en otros temor, no afecta solo a los profanos. De hecho, la primera atribución de consciencia a los modelos existentes la hizo pública en junio de 2022 un ingeniero de Google, Blake Lemoine, que aseguró en un artículo que un sistema de IA en el que trabajaba la empresa había adquirido consciencia y experimentaba sentimientos de alegría, tristeza, placer, amor, odio, depresión. La suposición del ingeniero procedía de lo que declaraba el mismo sistema al ser preguntado por sus emociones, pero el hombre quedó tan convencido que divulgó sus impresiones y buscó consejo en otros ingenieros ajenos a Google, por lo que la empresa decidió despedirle por haber violado su compromiso de confidencialidad, no por otra cosa, con lo que ni negó ni afirmó sus alegaciones. …

Observar lo que se ha perdido (II)

La tradición literaria memorialista occidental descansa sobre el supuesto implícito de que la distancia temporal produce comprensión. Proust, por referirnos tal vez a la culminación de este estilo, lleva el supuesto al extremo más sofisticado con el concepto de la «memoria involuntaria», que es mucho más que un recurso narrativo: un principio bajo el cual se preserva la esencia de lo vivido, sin la distorsión de la experiencia, el hábito y la inteligencia analítica. El «tiempo recobrado» es la idea de que la literatura puede recuperar lo real en una forma más auténtica que la propia experiencia mientras ocurre. Salter parte del mismo principio —usa la misma materia prima: el tiempo, la memoria, la pérdida— pero llega a una conclusión muy distinta, que se puede observar bien en sus memorias: no culminan en ninguna epifanía. En Burning the Days (1997) los episodios se suceden con una lógica asociativa, casi proustiana, pero sin el movimiento ascendente hacia la comprensión. Las personas aparecen y desaparecen, las relaciones se forman y se deshacen, y Salter tan solo observa, …

El último liberal

Cincuenta años cumple Del buen salvaje al buen revolucionario. El libro del venezolano Carlos Rangel es un clásico, y, como suele suceder con los clásicos, ha dado lugar a diversas lecturas, en función de las intenciones e intereses de sus autores en destacar tal o cual de sus facetas. Porque lo cierto es que Del buen salvaje ofrece mucho donde espigar. Por un lado, está el análisis detallado y certero del continuado fracaso económico y político de las naciones hispanoamericanas, expuesto en el marco de un análisis crítico de los mitos históricos e ideológicos latentes en la pervivencia de ese fracaso. También contiene esta obra, por primera vez redactada con claridad y rigor, el acta de acusación más certera contra la obsesión de los europeos por proyectar en la América Latina sus complejos de culpa por sus viejas empresas coloniales. Ocho años antes que Pascal Bruckner en El sollozo del hombre blanco, Rangel diagnosticaba aquí las trampas de la fe, religiosa primero y después ideológica, que han encerrado a los latinoamericanos en la jaula de …

El sentido que no se alcanza

Algunos críticos literarios han querido ver en las Soledades de Góngora un trasunto en clave lírica de la descomposición de la nación española en tiempos de la decadencia de la monarquía y el descalabro económico de la sociedad, como si en ello estuviera la sustancia que hace de esa obra lo que es, lo que le confiere un sentido y justifica así su valor. No fue precisamente ese el motivo por el que la generación del 27 rescató a Góngora del olvido al que la incomprensión de sus grandes obras poéticas le condenó durante siglos. Así lo definió García Lorca en la conferencia que dio, hace cien años, en el Ateneo de Granada: Se dio cuenta de la fugacidad del sentimiento humano y de lo débiles que son las expresiones espontáneas que sólo conmueven en algunos momentos, y quiso que la belleza de su obra radicara en la metáfora limpia de realidades que mueren, metáfora construida con espíritu escultórico y situada en un ambiente extraatmosférico.  Y, por su parte, Dámaso Alonso alabó las Soledades, cuyos …

Lecciones de filosofía y amistad en el «Critón»

En el Critón, mientras Sócrates espera el regreso de la nave de Delos que anunciará su muerte inminente, Critón lo visita con la intención de proponerle que huya y salve su vida:  Si mueres, no padeceré solo una desgracia, sino que aparte de perder a un amigo como no voy a encontrar a otro, también a muchos que no nos conocen bien a ti y a mí les parecerá que, pudiendo salvarte si quisiera gastar dinero, no me he preocupado.  Sócrates protesta: «Pero ¿y a nosotros qué nos importa, querido Critón, el parecer de la mayoría?». Si seguimos las consecuencias de la argumentación posterior de Sócrates, relativa a esta pregunta, no hay que dar importancia a las opiniones de la mayoría, pero no porque sean de la mayoría, sino porque hay que tomar en consideración solo la buena opinión frente a la mala, y es esta la que suele atesorar la mayoría, mientras aquella pertenece generalmente a los pocos. Critón insiste en lo que cree que es un error de su amigo: «Me parece, Sócrates, …

Juan Benet y la novela como metafísica de la ruina

En ocasiones decimos que la novela es un método de conocimiento de la realidad. Bien, pero, ¿de qué clase de conocimiento y de realidad hablamos? Por no ser éste el lugar para tratar con detenimiento un asunto de tal complejidad, propongo al lector que me conceda una premisa: el ser humano es un ser narrativo. Cuenta historias, narra, y haciéndolo otorga sentido a los acontecimientos —historializa— y se da una identidad. La novela, arte narrativo por excelencia, puede proporcionarnos un conocimiento valioso y distinto al que encontramos en otros campos del saber. En efecto, considero que si queremos descifrar a ese animal paradójico y temporal que es el ser humano debemos dirigirnos a las artes (la literatura y la música entre ellas) por ser el terreno que durante siglos hemos abonado hasta hacerlo especialmente fértil.  Tanto si estamos hechos de tiempo —«Tu materia es el tiempo, el incesante / tiempo» leemos en «El ápice» de Borges— o si somos creadores de tiempo, lo cierto es que en el monumento literario podemos encontrar una serie de …