Autor: Gerard Toutain

Turismo homérico

Desde su estreno, la Odisea de Christopher Nolan ha motivado discusiones en todas las direcciones sobre sus presuntos aciertos o desaciertos. Hay quienes desde un romanticismo ingenuo reclaman «fidelidad» a la adaptación y rechazan todo lo que les parece ⎯con un criterio más que dudoso⎯ que se aparta del original homérico; hay también quienes, por defender que ninguna reinterpretación de un clásico le debe fidelidad al original, dan un paso más y parecen concluir que cualquier decisión es válida, olvidando por el camino que a toda obra hay que exigirle siempre una consistencia interna. Ambos tienen en común que creen saber ⎯o suponen⎯ de antemano qué es eso de Homero y en qué consiste lo esencial de la Odisea. Hay un tercer grupo, más reducido, que se mueve en un espacio más sensato en la medida en que reconoce que no sabemos exactamente cómo hay que interpretar el texto original, pero sorprendentemente parece olvidar también algo esencial: que, aunque el diálogo con la tradición en cierto modo sea caprichoso, toda reinterpretación artística de un clásico, …

La comedia

En las Traquinias de Sófocles, Deyanira, esposa de Heracles, movida por los celos al descubrir a la esclava Yole, de quien Heracles se ha enamorado, sigue ingenuamente las indicaciones que Neso le dio mientras agonizaba. Pensando que se trata de un filtro amoroso, Deyanira empapa con la sangre del centauro una túnica para que Heracles, al ponérsela, caiga en su hechizo de amor. Deyanira se suicida al darse cuenta del engaño del que ha sido víctima. Heracles padece una muerte larga y dolorosa.  La lección de la tragedia parece clara: cuando nos creemos en posesión de un saber y actuamos como si conociéramos las consecuencias de nuestros actos, terminamos perdiendo aquello mismo que queríamos proteger. El intento de preservar el amor de Heracles por parte de Deyanira no solo termina con ese amor, sino con su propia vida y la del hombre que pretendía mantener a su lado. La ruina es absoluta.  Más conocidas, seguramente, son las historias de Edipo rey y Antígona, pero no distintas en su resultado: el deseo de saber conduce a …

A propósito de Benjamin Constant

La filosofía empezó a pensar seriamente el pasado cuando el proyecto moderno que arrancó a comienzos del siglo XVII llegó a su cumplimiento a finales del XIX. El pasado, la historia, se vuelve entonces tema de la filosofía. En otras palabras: la historia de la filosofía, hasta ese momento, era lo que estaba todavía por hacer, de modo que no podía ser aún objeto de estudio. Para que algo pueda ser en general tema de una investigación, primero tiene que reconocerse, encontrarse, descubrirse.  Decimos anacrónicamente que el tema de la filosofía griega es el ser, pero lo cierto es que, stricto sensu, el ser será lo que haya precisamente cuando ya no haya filosofía griega, porque es lo que en ella, en el recorrido que tradicionalmente se dice que va de Tales a Aristóteles, y desde el punto de vista de los que vienen después, se reconoce, se encuentra, se descubre. Del mismo modo, tampoco puede afirmarse que el tema de la filosofía moderna sea el lenguaje, el enunciado, porque eso, lo lingüístico, será precisamente …

Lecciones de filosofía y amistad en el «Critón»

En el Critón, mientras Sócrates espera el regreso de la nave de Delos que anunciará su muerte inminente, Critón lo visita con la intención de proponerle que huya y salve su vida:  Si mueres, no padeceré solo una desgracia, sino que aparte de perder a un amigo como no voy a encontrar a otro, también a muchos que no nos conocen bien a ti y a mí les parecerá que, pudiendo salvarte si quisiera gastar dinero, no me he preocupado.  Sócrates protesta: «Pero ¿y a nosotros qué nos importa, querido Critón, el parecer de la mayoría?». Si seguimos las consecuencias de la argumentación posterior de Sócrates, relativa a esta pregunta, no hay que dar importancia a las opiniones de la mayoría, pero no porque sean de la mayoría, sino porque hay que tomar en consideración solo la buena opinión frente a la mala, y es esta la que suele atesorar la mayoría, mientras aquella pertenece generalmente a los pocos. Critón insiste en lo que cree que es un error de su amigo: «Me parece, Sócrates, …

Gregorio Luri: «No tenemos derecho a enjuiciar el pasado, a traerlo aquí maniatado ante el tribunal de nuestras impaciencias»

Gregorio Luri (Azagra, 1955) es filósofo, pedagogo, escritor y, como él mismo recuerda a menudo, ante todo maestro. A lo largo de su trayectoria ha enseñado en todas las etapas educativas, desde la escuela hasta la universidad, y ha participado de forma constante en el debate educativo en España.  Es autor de una extensa obra ensayística —entre otros títulos, La escuela no es un parque de atracciones (Ariel), El deber moral de ser inteligente (Plataforma) o La imaginación conservadora (Ariel)—, en la que combina su formación clásica con una mirada crítica sobre los desafíos actuales de la educación.  La entrevista que sigue se adentra en algunas de las ideas de su publicación más reciente, La dignidad del mediocre (Ediciones Encuentro). Pregunta. En La dignidad del mediocre, su último libro, usted presenta al ser humano como un proyecto siempre por terminar, marcado por la imperfección y por una necesidad de perfeccionarse que nunca llega a cerrarse del todo. Gregorio Luri. Exactamente. Se trata, al menos, de aprender a convivir con tu condición real. En nuestra sociedad hemos …

Mortales inmortales

El propósito de fijar un texto filológicamente consistente, en el caso de Heráclito, es, de hecho, inasequible, y el problema no se limita a intentar establecer cuáles de los fragmentos que nos han llegado son auténticos y cuáles no, sino que va más allá: ¿podemos llegar a una versión del texto de Heráclito que pueda independizarse de los autores que nos lo han transmitido o en el fondo solo se trata de un artificio moderno? No sabemos si los transmisores tenían realmente el texto delante, si la copia que poseían era completa o si por el contrario manejaban una edición también fragmentaria, y tampoco conocemos la estructura de su libro, cómo estaba organizado, si se expresaba también en esa especie de aforismos que han llegado hasta nuestros días o si tenía una continuidad; ni siquiera sabemos si era verdaderamente un libro (es decir, una obra unitaria). No sabemos, en definitiva, casi nada. Sin embargo, entre toda la maleza de comentaristas, doxógrafos y transmisores en general es posible a veces hallar, gracias a ciertas marcas formales …

Artes excutiente deo

Artes excutiente deo

En el canto XVIII de la Ilíada se describe con sumo detalle el escudo que Hefesto ha forjado para Aquiles tras la muerte de Patroclo. La obra del dios, perfectamente acabada, deja sin aliento a quien la contempla: en ella vemos cómo se mueven con naturalidad los hombres, aunque estén hechos de metal, y cómo mugen los bueyes, cazan los leones y ladran y olfatean los perros, cómo resuenan los ríos y el pasto fresco alimenta a los rebaños, y cómo las casetas bien techadas y los establos dan cobijo por la noche, y vemos también muchos otros prodigios admirables que seducen y embriagan los sentidos.  Baste este breve pasaje como testimonio (XVIII, 573-576): En él [el escudo] hizo [Hefesto] un rebaño de bueyes de cuernos rectos,y los bueyes, hechos de oro y estaño,se precipitaban mugiendo desde el establo hacia la pastura,a orillas de un río estrepitoso junto a un tambaleante cañaveral. No se trata solo de que Homero pretenda subrayar el temperamento y la extraordinaria destreza técnica de Hefesto para complacer a sus oyentes, …

Desidiosa occupatio

Desidiosa occupatio

Cuenta Séneca en Sobre la brevedad de la vida (XVII.7) que «uno de esos adictos al placer —si es que hay que llamar “placer” a desaprender la vida y la costumbre humana—, cuando lo sacaron del baño en brazos y lo colocaron en una silla, preguntó: “¿ya estoy sentado?”», y añade: «Este que ignora si está sentado, ¿tú crees que sabe si vive, si ve, si está libre de inquietudes?».  Ese delicatus —nosotros hemos traducido «adicto al placer»— se ha entregado hasta tal punto a los placeres que ha perdido la capacidad de interpretar el estado en el que se encuentra su propio cuerpo, y Séneca nos lo presenta para insistir en una idea que ya ha anunciado antes: que hombres tales no son verdaderamente otiosi —en la cita hemos traducido el término otiosus por «libre de inquietudes»—, sino más bien hombres ocupados, ajetreados por su necesidad de placer. Para Séneca el otium consiste en el cultivo de la sabiduría, y el otiosus es, ante todo, el hombre sabio que no pierde el tiempo en …

Ninguna parte

Ninguna parte

Puede que incomode preguntarse por enésima vez qué son las humanidades y por qué hay que lamentar ⎯si es que hay que lamentarlo⎯ su decadencia, pérdida, corrupción o como se quiera llamar a eso que parece que les ha ocurrido entre el siglo XVII y la actualidad, y puede que incomode porque no es descabellado pensar que la respuesta que vamos a ofrecer aquí pudiera ofender especialmente a los que creen ser sus acérrimos defensores.  Lo primero que seguramente es necesario aclarar es que, aunque vamos a manejar aquí el concepto de «humanidades» sin darle de entrada una definición precisa, y por lo tanto conservando aparentemente su significado usual, lo cierto es que enseguida se verá que para nosotros adquiere de hecho connotaciones y matices que cambian completamente su sentido. Ese sentido, resumido, es lo que intentaremos presentar aquí, aunque puede que este espacio sea demasiado breve para que tengamos éxito.  Si la pregunta sobre la decadencia de las humanidades se la hiciéramos a los presuntos expertos, es más que probable que tuviéramos que aguantar …

La quimera de la diversidad cultural

La quimera de la diversidad cultural

Cuando dialogamos con alguien, lo más habitual es que nuestro interlocutor quiera imponer no solo su opinión sobre el tema, sino también el marco conceptual que delimitará la discusión. Si aceptamos su lógica, la conceptualización del tema sobre el que debatiremos, es probable que hayamos caído ya en su telaraña y nada nos pueda liberar de sus redes: se acabó el diálogo.  Pongamos que nos disponemos a discutir honestamente sobre la naturaleza de Dios con un creyente. O con un ateo, que para el caso es lo mismo. Aquí «honestamente» quiere decir que trataremos de desentrañar todos los elementos que componen el concepto de Dios con la finalidad de llegar a entenderlo sin dejar nada en el tintero y sin caer en dogmas. Al inicio del diálogo, tanto el creyente como el ateo tratarán de llevar la discusión al terreno de la existencia o no existencia de Dios. Es decir, querrán que asumamos que la pregunta por la existencia es adecuada para abordar el tema de Dios. Si aceptamos esos términos, hemos caído ya en …