Autor: Salvador Oliva

Sobre la valoración de las obras literarias

Siempre me ha sorprendido la poca bibliografía que existe sobre cómo valorar de una manera razonada las obras literarias. Northrop Frye incluso llega a afirmar que la valoración no es algo que corresponda a la crítica. Sin embargo, cada vez que acabamos de leer una obra, la valoramos inmediatamente, por el mero hecho de pensar si nos ha gustado o no. Lo difícil para la crítica es razonar el gusto, saber racionalizar por qué se trata de una obra cualitativamente buena, mediocre o mala. Y esa racionalización, que parece ser tan difícil, el tiempo la realiza de una manera tajante y definitiva. Un ejemplo: la novela No digas que fue un sueño fue Premio Planeta en el año 1986. Se vendieron más de un millón de ejemplares en poco tiempo. Incluso hubo una entidad bancaria que la regalaba a sus clientes. Su autor, Terenci Moix, un verdadero genio de la autopropaganda, supo promocionarla mucho mejor que la Editorial que la publicó. Pero una vez fallecido su autor, la novela ya no se ha reeditado más, …

Nulla aesthetica sine ethica

Sin duda la gente de mi generación relacionará siempre esta frase: «No hay estética sin ética» con José María Valverde, que, en 1965, dimitió de su cátedra de estética de la Universidad de Barcelona como protesta por la expulsión de la cátedra de ética de su amigo y maestro José Luis L. Aranguren, en la Universidad de Madrid, por parte de las autoridades franquistas. Valverde se quedó sin trabajo y tuvo que exiliarse a América para poder mantener a su familia, y sus discípulos nos quedamos un poco huérfanos. Su famosa frase tiene dos sentidos: el de la protesta y el más interesante: la afirmación de que el arte sin ética no es arte. Este es el sentido que quiero analizar y que se presta a varias reflexiones. En realidad, la vertiente ética de la literatura es huidiza, y muchas veces se ha interpretado erróneamente como si se tratara de un mensaje moral más o menos subyacente en el texto. En la segunda mitad del siglo I (aC), en su Espistola ad Pisones, Horacio formuló …

El mundo entero es como un escenario

No hay ninguna explicación racional a la grandeza de William Shakespeare. Antes que él, no había ningún autor importante, exceptuando a Chaucer, lo cual también dificulta comprender cómo tantas obras geniales aparecen así, casi de golpe y atribuidas a una sola persona. Todas las teorías que intentaron demostrar que no existió y que sus obras se deben a otros autores fracasaron. No sólo es inexplicable su talento literario, reforzado por sus poemas narrativos y sus sonetos, sino que también lo es su talento dramático, la variedad de sus escenarios, repertorios y registros, la habilidad en el manejo de sus temas, así como la estructura de todas sus piezas teatrales. Demuestra también su extraordinario talento la inteligente astucia que tuvo al usar y alterar sus fuentes, tanto si procedían de las crónicas como de obras literarias o dramáticas. Comparar sus fuentes con sus obras es quizá la mejor manera de darse cuenta de su genio. Elimina e inventa personajes, altera las fechas de los hechos narrados acercándolas para conseguir la relación causa-efecto y ofrecer la credibilidad …