Literatura

Anatomía de la palabra: el cuerpo de la escritura

El tema de la presente disquisición –mero entretenimiento de filólogo en mitad de sus vacaciones estivales– se centra, tal y como se anuncia en el título, en la anatomía de la palabra, la escritura (literaria) pensada como un cuerpo. Un cuerpo hecho de qué materia, cabría preguntarse. Las imágenes que nos depara la propuesta nos sitúan de forma ontológica en el hecho literario mismo. Son imágenes que, de forma visible o sutil, pueden rastrearse en muchos de los críticos y escritores que, por oficio o por gentilidad, nos hablan de ese complejo proceso que llamamos literatura. Sobre todo, me propongo mostrar algunas de las posibilidades que ofrece el tema, las más significativas bajo mi punto de vista, y de paso alumbrar alguna que otra paradoja que, según veremos, nos depara la cuestión.   En una de sus Seis propuestas para el próximo milenio (1985), en concreto la que se refiere a la «Visibilidad», Italo Calvino plantea la siguiente reflexión en torno a los fenómenos diferenciados de lectura y escritura: Podemos distinguir dos tipos de procesos imaginativos: …

El esplendor del fracaso

Siendo en general dos escritores dispares en sus intereses y sus procedimientos, William Faulkner y Marcel Proust coinciden a menudo en lo sustancial y a veces incluso en el estilo. Faulkner es más oscuro que Proust, pero su oscuridad es el reflejo de lo que ocurre en el alma humana; en Proust —no en vano culmina con la Recherche la moderna tradición de la novela y el ensayo franceses— esa oscuridad se razona hasta despojarla de sus sombras. Los dos intentos son una bendición para el lector, y no diré que conducen al mismo sitio, pues son en cierto sentido opuestos, pero sí que se introducen en el mismo asunto y muestran de él aspectos que uno reconoce como verdades de su propia experiencia aunque quizás nunca hubiese sido consciente de ellas. Ambos hacen objeto de sus respectivas estéticas la compleja totalidad del ser humano, y ambos confían ese propósito a un estilo marcadamente digresivo, poblado de incisos, con una frecuente intercalación de guiones y paréntesis, en una subordinación continua que puede hacer alcanzar a …

Pessoa, el solipsista

Fernando Pessoa es, como lo son sus contemporáneos Nietzsche y Unamuno, un poeta-pensador poliédrico e inclasificable. De ello dan cuenta las decenas de heterónimos que, en sus diferentes obras, tratan de agotar las numerosas aristas del genio portugués, aunque este afirmase que cada uno de ellos no era más que «un hijo mental del autor, con cualidades heredadas, pero con las diferencias de ser otro». Sin embargo, hay una obra que, si bien es también atribuida a un heterónimo, nos ofrece el Pessoa más esencial y genuino; un Pessoa carente de artificios imaginativos, desprovisto del escudo del personaje literario. Atribuido a Bernardo Soares, el Libro del desasosiego permite un recorrido por el Pessoa doliente y existencialista, que, sin abandonar el tono poético, abunda en las cuestiones de mayor enjundia para la vida humana en general y para un alma sensible como la suya, en particular.  Dentro de este conjunto de reflexiones cuodlibetales, cabe destacar un tema por su recurrencia: la relación del individuo con los otros, que concibe como esencialmente dolorosa. Para Pessoa, la amistad, …

Conspiraciones de Baroja

Tras la puerta entornada del pequeño huerto había un viejo con un libro en la mano, sentado sobre un montón de ramas secas. Cuando el sol iba retirándose, el viejo solitario paseaba por el acantilado de la costa. Vestía pantalón corto, chaleco de ante con botones de nácar, corbata blanca, casaca oscura. Es Gastón Etchepare, solitario en el caserío Iturbide, en Bidart, no lejos de Bayona. Personaje real emparentado con los Baroja ―los padres del novelista le habían tratado―, un muy joven Eugenio de Aviraneta, protagonista de Memorias de un hombre de acción, visitará a Etchepare recluido en el reposo melancólico del revolucionario que, de tan apasionado republicano, Bonaparte había rechazado. Caminan bajo el crepúsculo. Etchepare hablaba con pasión de Danton y Robespierre, de Saint-Just, de los choques entre la Montaña y la Gironda, de las grandes figuras plutarquianas que inspiraron las virtudes revolucionarias. Como personaje infrecuente y menor de las Memorias de un hombre de acción, de Pío Baroja, la aparición de ese viejo revolucionario viene a condensar todo lo que Aviraneta quiso ser …

Sobre la valoración de las obras literarias

Siempre me ha sorprendido la poca bibliografía que existe sobre cómo valorar de una manera razonada las obras literarias. Northrop Frye incluso llega a afirmar que la valoración no es algo que corresponda a la crítica. Sin embargo, cada vez que acabamos de leer una obra, la valoramos inmediatamente, por el mero hecho de pensar si nos ha gustado o no. Lo difícil para la crítica es razonar el gusto, saber racionalizar por qué se trata de una obra cualitativamente buena, mediocre o mala. Y esa racionalización, que parece ser tan difícil, el tiempo la realiza de una manera tajante y definitiva. Un ejemplo: la novela No digas que fue un sueño fue Premio Planeta en el año 1986. Se vendieron más de un millón de ejemplares en poco tiempo. Incluso hubo una entidad bancaria que la regalaba a sus clientes. Su autor, Terenci Moix, un verdadero genio de la autopropaganda, supo promocionarla mucho mejor que la Editorial que la publicó. Pero una vez fallecido su autor, la novela ya no se ha reeditado más, …

La Guerra Fría de Le Carré

Será singular la memoria que quede de la Guerra Fría si la sustentamos leyendo al recién fallecido John Le Carré.  Nunca se le perfilaba con claridad en el lado del telón de acero en el que trabajó para el espionaje británico y que luego le aclamó como autor de novelas de espías. Se le veía más en tierras de nadie, practicando el merodeo moral en la línea de sombra del Checkpoint Charlie en el Muro de Berlín, a punto de considerar que daba casi lo mismo estar con la libertad que con el totalitarismo porque el espionaje era un oficio de ambigüedades. Algo parecido le pasó a Graham Greene. De uno u otro modo, siempre estuvieron fascinados por aquel Philby que se fue a vivir a Moscú traicionando todas sus lealtades. Resquebraduras del viejo Establishment británico. ¿Por qué Le Carré esperó a estar ya más allá de la postguerra fría para confesar como si nada que también había considerado pasarse al otro lado? No faltará quien suponga que, al declararlo en su día, como de …

Ficción versus vacío

La historia de la novela desde finales del siglo XX hasta estos días cataloga un cementerio de armatostes desconectados de la realidad y la vida, al modo de pozos de petróleo que ya no disponen de las entrañas de la tierra, sustituidos para el público lector por heterogéneas formas de entretenimiento que van de la novela negra a los vuelos de Harry Potter y en los últimos tiempos, preferentemente, a las series de televisión. Si queda algo de clases profesionales ilustradas, su sustento vitamínico está dedicado al stream de Netflix, La isla del tesoro o Azar de Joseph Conrad han sido liofilizados y la virtualidad ha sustituido la batalla del río Berézina, del mismo modo que Tolstoi solo perdura en forma de videojuego.   Aun así, a pesar de la corrupción deconstruccionista, la novela puede todavía representar sentido, memoria, belleza, una ilusión de tiempo, un modo de conocimiento, una pasión por la experiencia y, a la vez, una crítica de la vida. Desde luego ni la novela hamburguesa doble ni los filetes postminimalistas están en eso …

Nulla aesthetica sine ethica

Sin duda la gente de mi generación relacionará siempre esta frase: «No hay estética sin ética» con José María Valverde, que, en 1965, dimitió de su cátedra de estética de la Universidad de Barcelona como protesta por la expulsión de la cátedra de ética de su amigo y maestro José Luis L. Aranguren, en la Universidad de Madrid, por parte de las autoridades franquistas. Valverde se quedó sin trabajo y tuvo que exiliarse a América para poder mantener a su familia, y sus discípulos nos quedamos un poco huérfanos. Su famosa frase tiene dos sentidos: el de la protesta y el más interesante: la afirmación de que el arte sin ética no es arte. Este es el sentido que quiero analizar y que se presta a varias reflexiones. En realidad, la vertiente ética de la literatura es huidiza, y muchas veces se ha interpretado erróneamente como si se tratara de un mensaje moral más o menos subyacente en el texto. En la segunda mitad del siglo I (aC), en su Espistola ad Pisones, Horacio formuló …

Borges, traductor infiel

Al acercarnos con toda precaución a una figura trascendental de las letras universales como es Jorge Luis Borges, uno se ve vencido por el temor de decir lo que todos han dicho de forma unánime, de reincidir en una serie de lugares comunes que se han repetido y reproducido hasta el hartazgo (el mismo autor fomentó este juego intencionado de reiteraciones), y la rara pero firme sensación de no poder decir nada nuevo a estas alturas. No obstante, si se examinan con detalle los elementos que componen la poética del autor, de la que se han escrito ríos de tinta, se observará que al tiempo que algunos aspectos han sido sobrevalorados, otros en cambio aún no han recibido la merecida atención. Entre estos últimos estaría una faceta aún no muy conocida por el gran público: la del Borges traductor, sobre el que han llamado la atención algunos estudiosos, principalmente Ana Gargatagli Brusa, Efrain Kristal, Sergio Waisman y Rafael Olea Franco. No sólo en lo que toca a la práctica en sí misma –el puro oficio …

Avatares del ensayo

Al ensayo no se le suele exigir, como a la novela y el cuento, una alta preocupación estilística, pues se supone que su principal objetivo es exponer el desarrollo de una idea, aunque eso se haga con una prosa poco atractiva o incluso descuidada. El género ha acabado por acoger cualquier texto de no ficción, excepto memorias y diarios, sean cuales sean sus condiciones, tenga o no aspiraciones literarias, resulte su tono de un humor malicioso, como en A Modest Proposal, de Jonathan Swift, o de una seriedad rotunda como la que precisan por su naturaleza los tratados académicos. A todas sus posibles variaciones las une una línea de continuidad que traza la tensión entre lo que se expone y la necesidad de modular el pensamiento con la belleza del lenguaje: en algunas obras solo se aspira a redactar sin equívocos los argumentos del punto de vista que se defiende; en otras, el ensayo se concibe plenamente como una construcción literaria, mucho más cercana a la narración y, en algunos casos, como veremos, incluso a …