Literatura

A vueltas con la tradición literaria, más una fábula

El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. — William Faulkner Cómo leen nuestros contemporáneos es hoy una pregunta superflua o apremiante. Si lo primero, por la razón a la que apunta el desplome de los índices de lectura en nuestra y cualquier otra sociedad: muerto el perro, se acabó la rabia. Es evidente que se puede vivir y prosperar de la cuna a la tumba sin haber leído un solo poema, una sola novela, el más breve de los ensayos. Hay quienes declaran que la relegación de la literatura es marca de progreso; son los mismos que piensan que el único saber útil es el científico, y que la literatura es fumistería y distracción. ¿Qué puede enseñarnos una ficción? Y si las ficciones de hoy no aportan nada a la urgente tarea de hacer cuanto antes realidad el mundo feliz del radiante futuro, ¿qué decir de las de ayer? ¿Qué causa o razón puede justificar que dediquemos un minuto de nuestro valiosísimo tiempo a leer un verso de Shakespeare, un párrafo de Cervantes, un …

Observar lo que se ha perdido (II)

La tradición literaria memorialista occidental descansa sobre el supuesto implícito de que la distancia temporal produce comprensión. Proust, por referirnos tal vez a la culminación de este estilo, lleva el supuesto al extremo más sofisticado con el concepto de la «memoria involuntaria», que es mucho más que un recurso narrativo: un principio bajo el cual se preserva la esencia de lo vivido, sin la distorsión de la experiencia, el hábito y la inteligencia analítica. El «tiempo recobrado» es la idea de que la literatura puede recuperar lo real en una forma más auténtica que la propia experiencia mientras ocurre. Salter parte del mismo principio —usa la misma materia prima: el tiempo, la memoria, la pérdida— pero llega a una conclusión muy distinta, que se puede observar bien en sus memorias: no culminan en ninguna epifanía. En Burning the Days (1997) los episodios se suceden con una lógica asociativa, casi proustiana, pero sin el movimiento ascendente hacia la comprensión. Las personas aparecen y desaparecen, las relaciones se forman y se deshacen, y Salter tan solo observa, …

El sentido que no se alcanza

Algunos críticos literarios han querido ver en las Soledades de Góngora un trasunto en clave lírica de la descomposición de la nación española en tiempos de la decadencia de la monarquía y el descalabro económico de la sociedad, como si en ello estuviera la sustancia que hace de esa obra lo que es, lo que le confiere un sentido y justifica así su valor. No fue precisamente ese el motivo por el que la generación del 27 rescató a Góngora del olvido al que la incomprensión de sus grandes obras poéticas le condenó durante siglos. Así lo definió García Lorca en la conferencia que dio, hace cien años, en el Ateneo de Granada: Se dio cuenta de la fugacidad del sentimiento humano y de lo débiles que son las expresiones espontáneas que sólo conmueven en algunos momentos, y quiso que la belleza de su obra radicara en la metáfora limpia de realidades que mueren, metáfora construida con espíritu escultórico y situada en un ambiente extraatmosférico.  Y, por su parte, Dámaso Alonso alabó las Soledades, cuyos …

Juan Benet y la novela como metafísica de la ruina

En ocasiones decimos que la novela es un método de conocimiento de la realidad. Bien, pero, ¿de qué clase de conocimiento y de realidad hablamos? Por no ser éste el lugar para tratar con detenimiento un asunto de tal complejidad, propongo al lector que me conceda una premisa: el ser humano es un ser narrativo. Cuenta historias, narra, y haciéndolo otorga sentido a los acontecimientos —historializa— y se da una identidad. La novela, arte narrativo por excelencia, puede proporcionarnos un conocimiento valioso y distinto al que encontramos en otros campos del saber. En efecto, considero que si queremos descifrar a ese animal paradójico y temporal que es el ser humano debemos dirigirnos a las artes (la literatura y la música entre ellas) por ser el terreno que durante siglos hemos abonado hasta hacerlo especialmente fértil.  Tanto si estamos hechos de tiempo —«Tu materia es el tiempo, el incesante / tiempo» leemos en «El ápice» de Borges— o si somos creadores de tiempo, lo cierto es que en el monumento literario podemos encontrar una serie de …

Contra misomúsicos y agelastas. Una defensa de la literatura

La verdadera vida, la vida al fin descubierta y dilucidada, la única vida, por lo tanto, realmente vivida es la literatura. Marcel Proust, El tiempo recobrado El 23 de febrero de 2006, Nicolas Sarkozy, a la sazón ministro del Interior y futuro candidato a la presidencia de la República Francesa, hizo la siguiente reflexión ante un público de nuevos afiliados a su partido reunidos en Lyon: «El otro día me entretenía, como quien dice, echando un vistazo al programa de las oposiciones a cargos administrativos. Un sádico o un imbécil, elijan ustedes, proponía examinar a los aspirantes sobre La princesa de Clèves. No sé si alguna vez se les habrá ocurrido preguntar a la funcionaria que les atiende desde una ventanilla qué opina de La princesa de Clèves… ¡Imagínense el espectáculo!». Impartió acto seguido la moral de su anécdota: a saber, que la contratación y promoción de funcionarios ha de basarse en la experiencia y el mérito, y no en empollar inútiles conocimientos literarios y de cultura general. Este episodio es evocado por William Marx …

Observar lo que se ha perdido

Cuando leí Burning the days (1997, versión española: Quemar los días, Salamandra) hace unos años no sospechaba que sería la primera vez de muchas. Llegué a las memorias de Salter por casualidad, a través de William Finnegan. Barbarian days (2015) era mucho más que una búsqueda romántica e incesante de la ola perfecta. En apariencia, una declaración de amor al surf. Bajo la superficie, un elogio de la aventura y la escritura como dos partes inseparables. The Observer había reseñado el libro como una obra maestra que recordaba al primer James Salter, y fue así, por un deseo de leer más, como cayó en mis manos su libro de memorias: Burning the days. Fui víctima de una fascinación inmediata y absoluta. Su estilo, su sensibilidad, sus retratos tan vívidos y precisos. Quise leerlo todo de él: memorias, cuentos y novelas. La última noche, publicado en 2002 en la revista New Yorker, es un relato inolvidable. Sport and a pastime (1967) también se graba en la memoria con fuerza. Aún así, la ficción de Salter —a …

El «Boom» latinoamericano o la novela hecha (de) poesía

Huelga decir que el «Boom» latinoamericano fue un fenómeno netamente narrativo. Y, de hecho, el canon de aquel acaecimiento literario, como es sabido, lo conforman novelas y libros de cuentos (los de García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Donoso, etc.), no otros géneros: ni la poesía ni el teatro. Sin embargo, y por paradójico que parezca, sobran razones para afirmar que la narrativa del «Boom» fue, en esencia, el estallido de una revolución poética. En 1982, Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura por su trayectoria narrativa, fundamentalmente por los logros de su novela Cien años de soledad, que conmocionó y emocionó a miles y miles de lectores de todo el mundo, no solo del orbe hispánico. El discurso de recepción del Nobel es bien conocido. El escritor lo tituló, con clara intención reivindicativa, «La soledad de América»: casi no hace falta decir de qué trata, el título lo dice todo. Pero, además de este discurso, los galardonados deben decir unas palabras antes del banquete que la Academia sueca concede en …

El escritor de los nervios

El misterio en torno a la muerte de Edgar Allan Poe, tan próximo al espíritu de sus propios relatos, fue aprovechado casi de inmediato, y con gran éxito, para afianzar el mito que lo persigue hasta nuestros días. El 3 de octubre de 1849 Poe fue hallado inconsciente en la entrada de una taberna de Baltimore, vestido con ropas que no eran suyas e incapaz de dar razón de lo sucedido. Murió cuatro días más tarde en el Church Hospital y, desde entonces, su muerte ha estado rodeada de conjeturas. La explicación más aceptada es la del cooping, el fraude electoral que consistía en secuestrar, embriagar y forzar a las víctimas a votar repetidamente bajo identidades falsas. Poe fue hallado en plena campaña para la elección de un representante al Congreso de Maryland, y, según señala Margarita Rigal en su ensayo sobre el caso, su estado pudo ser resultado de la manipulación ejercida por agentes del Fourth Ward Club, próximo al partido republicano, sumada a la hipoglucemia que padecía. El 9 de octubre, el mismo …

Métodos de trabajo

Josep Vergés, el editor que a mediados de los sesenta empezó a publicar las versiones definitivas de casi todo cuanto escribió Josep Pla a lo largo de su vida, dice en el prólogo de Caps-i-puntes (volumen 43 de la Obra completa, Destino) que Pla «era, sin quererlo reconocer, un perfeccionista y le gustaba retocar indefinidamente su obra». Tal afirmación puede sorprender a quienes todavía crean que Pla escribía como hablaba, de un tirón, ajeno a toda retórica y a toda elaboración estilística. Probablemente el malentendido  proviene en gran parte de una lectura muy superficial de sus propias declaraciones en este sentido. Ahora bien, también dijo que el estilo natural era el que exigía mayores esfuerzos y, en Notes del capvesprol (Notas del crepúsculo en la traducción al castellano de Xavier Pericay), se definió como «un escritor muy lento» y «extremadamente meditado». Por supuesto, la naturalidad, en la literatura, es un artificio tan elaborado como cualquier otro.  Tal vez el adjetivo «perfeccionista» no conviene del todo a algunos de sus pasajes. Pla, al igual que Stendhal …

Literatura y adulterio

Literatura y adulterio

La mañana después de conocer a Vronsky, Anna Karenina coge un tren de regreso a San Petersburgo y se pone a leer sin que eso le procure ninguna satisfacción. Tiene tantas ganas de vivir que le cuesta conformarse con el reflejo de otras vidas que encuentra en la lectura: querría estar viviendo lo mismo que el héroe protagonista de su novela. Se dice a sí misma que tendrá que resignarse, pero hallándose en ese estado, le sobrevienen recuerdos de la noche anterior de los que en vano trata de deshacerse: el baile, las miradas «enamoradas y sumisas» de Vronski… «Caliente, muy caliente, te quemas», le dice una voz interior, pero deja a un lado la novela: los caminos que está recorriendo su pensamiento le parecen ahora más excitantes que las aventuras descritas en ella.  Con la lectura, sucede una paradoja que Mario Vargas Llosa explicó en repetidas ocasiones, entre ellas en su discurso de aceptación del Nobel: uno lee porque siente que con la realidad no le basta, pero al adentrarse en otros mundos descubre …