A vueltas con la tradición literaria, más una fábula
El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. — William Faulkner Cómo leen nuestros contemporáneos es hoy una pregunta superflua o apremiante. Si lo primero, por la razón a la que apunta el desplome de los índices de lectura en nuestra y cualquier otra sociedad: muerto el perro, se acabó la rabia. Es evidente que se puede vivir y prosperar de la cuna a la tumba sin haber leído un solo poema, una sola novela, el más breve de los ensayos. Hay quienes declaran que la relegación de la literatura es marca de progreso; son los mismos que piensan que el único saber útil es el científico, y que la literatura es fumistería y distracción. ¿Qué puede enseñarnos una ficción? Y si las ficciones de hoy no aportan nada a la urgente tarea de hacer cuanto antes realidad el mundo feliz del radiante futuro, ¿qué decir de las de ayer? ¿Qué causa o razón puede justificar que dediquemos un minuto de nuestro valiosísimo tiempo a leer un verso de Shakespeare, un párrafo de Cervantes, un …







