Entrevista, Política

José Daniel Ferrer: «La principal responsabilidad de la complicidad europea con el régimen cubano es del Gobierno español»

Domingo, 17 de mayo, Barcelona.

Apenas superan la treintena, pero quizá por eso su lucha resulta tan conmovedora: en vez de diluirse en la arrogancia aplastante de la multitud, encuentran aquí la íntima complicidad de los renegados. Están frente al consulado de Cuba, en el paseo de Gracia de Barcelona, como tantas otras veces: cazuelas que simbolizan la escasez de alimentos en la isla, carteles donde cada uno intenta condensar el mensaje que considera más urgente, música cubana que brota de los altavoces —la misma que llevó al mundo la idea de que la vida era un carnaval y que hoy recuperan para convencerse de que las penas se van cantando—.

En el ambiente conviven la ilusión de que el fin de la dictadura pueda estar más cerca que nunca, la melancolía del exiliado por los sueños truncados —uno de ellos carga con tres balas del régimen y exhibe sus cicatrices con una mezcla de orgullo y dolor— y la rabia de vivir rodeados de gente tan ajena a su sufrimiento como indiferente a su causa. Todos reaccionan con la fiereza de un gato herido cuando un transeúnte les llama fascistas. Pero esa tarde reina la esperanza: entre ellos está José Daniel Ferrer (1970), un hombre con la talla moral necesaria para conducir a su pueblo hacia la libertad.

Impresiona conocer a un hombre tan maltratado por la vida y que, sin embargo, parece haber salido ileso. José Daniel Ferrer no solo ha soportado un grave maltrato físico —los doce años que ha pasado en la cárcel cubana, en las peores condiciones—, sino también el desgaste de las amenazas, el descrédito y la deformación sistemática de sus palabras. Además, ha tenido que ver cómo, fuera, el mundo miraba hacia otro lado y, dentro, la corrupción se enquistaba en un país donde, desde hace sesenta y siete años, prosperar exige someterse o formar parte del sistema.

A uno le vuelve a la memoria aquel consejo que, en Niels Lyhne, la novela de Jens Peter Jacobsen, un hombre cargado de cinismo le da al protagonista: le disuade de desperdiciar sus energías defendiendo el ateísmo en un mundo religioso; hay que apostar siempre por el caballo vencedor, viene a decir, porque son muy pocos los hombres capaces de soportar el dolor de sentirse despreciados por todos. «¿Dígame, Lyhne, cree realmente que un hombre puede sostener esta lucha con todos esos picos de buitre hundidos en la carne, sin el entusiasmo ciego y correoso que llamamos fanatismo?»

José Daniel Ferrer demuestra que sí. Su carácter no parece haberse agriado un ápice y no hay ni rastro de fanatismo en sus palabras. Es afable en el trato; abraza uno por uno a quienes han venido a verle; se emociona, les dedica tiempo a todos. Lleva el día entero recorriendo la ciudad junto a otros cubanos que quieren mostrarle Barcelona. Ha venido a Europa con una agenda política clara, pero su prioridad es infundir ánimo a sus compatriotas; antes de reunirse con ningún líder, primero les dedica tiempo a ellos.

Me muestra su móvil: miles de mensajes por leer. Cubanos que le escriben a diario para pedir ayuda y contarle sus problemas. Apenas tiene tiempo para responder, pero ayuda a los que puede y anota los casos más urgentes para buscar apoyos. Hasta que no se asegura de que han recibido la ayuda que tan desesperadamente necesitan, no los tacha de su lista.

En medio de todo esto, todavía encuentra un rato para conversar con quien escribe estas líneas.

Está aquí como parte de una gira que está realizando por distintos países europeos. ¿Cuáles son sus objetivos en este viaje?

Salí el día 30 de abril de Miami. La intención es recorrer entre diez y doce países europeos para pedir que se ponga fin al Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación que tiene la Unión Europea con el régimen cubano.

Nuestra primera parada fue Bruselas. Allí hablamos con medio centenar de eurodiputados, la mayoría del Partido Popular y también del grupo Patriotas por Europa. También conversamos con dos eurodiputados del Partido Socialista. Uno muy solidario; la otra decía que también estaba preocupada por los derechos humanos en Cuba, pero defendía que el acuerdo con el régimen cubano era el adecuado. Quienes conocemos al régimen cubano sabemos que con ese tipo de políticas es imposible lograr que actúe de una manera medianamente aceptable.

Después de tres días en el Parlamento Europeo, en Bruselas, nos fuimos a Polonia. Allí tuvimos una magnífica recepción, mucha solidaridad y apoyo de diputados de diferentes partidos, del viceprimer ministro y también de representantes de la Cancillería y de la Presidencia. Todos coinciden en que ese acuerdo es negativo tanto para los cubanos como para los europeos.

También vimos a Andrzej Poczobut, premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2025, que estuvo más de cinco años preso en Bielorrusia y salió tan deteriorado como suelen salir los presos políticos de las cárceles cubanas.

Luego fuimos a Suecia. Allí también recibimos solidaridad, aunque no al nivel de Polonia. Nos reunimos con representantes de los Demócratas Cristianos y de los Demócratas Suecos. También vimos al viceministro de Relaciones Exteriores. Todos saben que la situación de los derechos humanos en Cuba es muy grave y muy alarmante, y que el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación no está dando ningún resultado.

Después fuimos a Lituania. Increíble. Allí incluso los socialdemócratas son solidarios. Yo diría que son más solidarios algunos socialdemócratas lituanos que ciertos amigos de centroderecha en otros países. 

Los países que fueron satélites de la Unión Soviética saben muy bien lo que es el comunismo.

Exacto. No pudimos dormir en casi 40 horas porque, nada más bajar del avión, fuimos a la Colina de las Cruces, a unos 140 kilómetros de Vilna. Recorrimos prácticamente todo el Parlamento. Fuimos oficina por oficina. Estuvimos con el pleno de diputados y pronuncié un discurso de unos diez minutos que fue muy bien recibido.

El mensaje era: por favor, no ratifiquen el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación. Ellos son los únicos que aún no lo han ratificado. Y les pedimos que exijan a los demás miembros de la UE poner fin a la aplicación provisional del acuerdo.

Josep Borrell, en respuesta a una pregunta del entonces eurodiputado José Ramón Bauzá, explicó que, de acuerdo con la Convención de Viena sobre los tratados, si Lituania solicitaba formalmente suspender la aplicación provisional del acuerdo con Cuba, la Unión Europea tendría que hacerlo.

Hablamos con el ministro de Relaciones Exteriores, con el ministro de Defensa y con muchas otras personas. Están muy preocupados por el apoyo que el régimen cubano da a Rusia y a Vladímir Putin en la guerra contra Ucrania, incluyendo el reclutamiento y envío de jóvenes cubanos —muchos engañados— al frente.

De Lituania fuimos a Praga. También encontramos bastante apoyo, tanto del Ministerio de Relaciones Exteriores como de la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento. Todos coinciden en que al régimen cubano hay que condenarlo de la misma manera que se condena al régimen venezolano y al nicaragüense.

De Praga vinimos aquí. Ayer estuvimos con cubanos en Madrid y hoy estamos con cubanos aquí en Barcelona. Mañana nos vamos a Francia, al Ministerio de Exteriores. ¿Por qué? Porque en los países de Europa Central y Oriental nos dicen que el principal problema es el actual Gobierno español, que defiende mantener ese trato privilegiado hacia una dictadura impresentable, y que Francia y Alemania suelen alinearse con esa postura. Nuestra intención es que conozcan de primera mano lo que está pasando.

[Muestra imágenes de cuerpos esqueléticos de presos, de su propio retrato al salir de la cárcel —visiblemente más delgado— y del estado de la comida que reciben en prisión].

Aquí tengo fotografías de presos políticos cubanos. Muchos entran en prisión físicamente fuertes y terminan completamente deteriorados. Esa es una pequeña muestra de la comida que reciben los presos políticos. Las condiciones recuerdan a las de los campos de concentración.

Queremos explicar en Francia no solo la grave situación de derechos humanos que vive Cuba, sino también el drama social y humano que atraviesa la población. Después de Francia iremos a La Haya. Luego volveremos a España y más tarde estaremos en Portugal, Roma y Londres. Hay un último destino que todavía nos han pedido mantener en reserva porque es complejo y hasta peligroso.

Un político polaco, bromeando, me dijo algo interesante. Me dijo: «José Daniel, lo que les está pasando a ustedes en Cuba es culpa de los cubanos». Bueno, sabemos que es culpa nuestra haber permitido que secuestrasen todos nuestros derechos, nuestra dignidad y nuestras libertades, y que hundiesen a Cuba en el estado en que se encuentra. Pero él no me lo decía por eso. Me dijo: «Si no se hubiesen independizado de España en 1898, ahora Cuba sería parte de la Unión Europea y le iría muy bien».

Le respondí: 1898 ya quedó muy atrás, ya han pasado más de cien años. El problema es que ahora España y Europa se juegan perder Cuba por segunda vez. Por preservar unos pequeños intereses económicos —porque no podemos decir que sean grandes— y por cierta afinidad de los socialistas y de sus aliados más a la izquierda con el régimen cubano, van a ver cómo Estados Unidos se convierte en el principal protagonista del fin del régimen castrocomunista. El pueblo cubano terminará viendo a Estados Unidos como el aliado y a la Unión Europea como el cómplice que estuvo hasta el último momento como socio del régimen.

En Polonia lo entendieron. El gran reto es que lo entiendan en Madrid, que lo entienda Francia, que lo entienda Alemania y que lo entiendan otros países occidentales, que son los que más favorecen esa política europea de complicidad hacia un régimen criminal.

¿Se ha reunido o se reunirá con alguien del Gobierno español en su viaje?

No, porque llegué el viernes en la tarde-noche y el sábado lo dediqué a encuentros con cubanos. En Praga, en un coloquio que tuvimos con Foro 2000, estaba la embajadora española. Y como dije lo mismo que acabo de decir —que la principal responsabilidad de la equivocada política europea hacia el régimen cubano era del actual Gobierno español—, al final me pidió conversar a solas y me dijo que el Ministerio de Relaciones Exteriores había sabido que yo estaba en Praga y que me preguntase si tenía interés en hablar con ellos.

Obvio que tengo interés en hablar con todos, pero no me han invitado. Sí tengo ya citas acordadas con el PP y con Vox, pero con ellos no. [La Puñalada no tiene constancia de que finalmente se haya reunido con ningún representante del Gobierno. Sí ha sido recibido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y por diputados del PP y Vox].

Usted tiene 55 años y nació ya bajo un régimen dictatorial. Ha mantenido varios encuentros con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. ¿Cree que el fin está más cerca que nunca?

En cuestiones políticas nunca hay nada completamente seguro, porque cualquier cuestión puede cambiar el rumbo de los acontecimientos. Pero cuando uno mira todo lo que ha venido pasando desde mediados del año pasado; lo que pasó el 3 de enero en Venezuela; lo que pasó después, a partir del 28 de febrero, en Irán; lo que dijo Donald Trump respecto a que el régimen cubano representaba una amenaza extraordinaria e inusual; lo que ha dicho posteriormente Marco Rubio; lo que hemos conversado con funcionarios del Departamento de Estado; lo que pasó recientemente con la visita del director de la CIA a La Habana hace apenas tres días; y acto continuo la prensa estadounidense diciendo ya que el Departamento de Justicia tenía listo un proceso judicial contra Raúl Castro por el asesinato de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate [ya ha sido imputado, apenas días después de esta conversación]… Cuando uno une todos esos factores, lo que está viendo es la segunda parte de una película que tendría por nombre 3 de enero. Estamos viendo la misma secuencia, adaptada al caso cubano, de acontecimientos que empezaron a ocurrir en torno a Venezuela.

Hoy casualmente vi un video de Maduro con aquella ropa deportiva puesta del día de la detención. Yo pensé que habían sido los americanos quienes se la habían puesto. Hoy me convenzo de que me equivoqué: estaba vestido así esa noche, porque está circulando un video en el que aparece jugando con una perra y sus cachorros la noche previa a su captura. Cuando lo vi pensé: Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel también andan jugando por las noches con sus perros.

Es decir, creo que sí: si ellos no negocian el proceso de transición en Cuba de una manera rápida, los van a sacar del poder.

¿No le preocupa que todo acabe en una negociación con los poderes castristas en vez de un cambio de régimen?

Si la negociación pone en movimiento un proceso que dé lugar a una transición rápida y ordenada hacia la democracia, yo no tengo inconvenientes. Pero si va a ser un proceso para que el régimen se burle de la parte estadounidense y gane tiempo hasta que termine la administración Trump, con el sueño de que la próxima administración pueda ser Demócrata y venga con un cambio total de política hacia Cuba, entonces no estaríamos de acuerdo.

Pero tenemos una ventaja a nuestro favor, y es Marco Rubio. Marco Rubio conoce mejor que nadie el caso cubano y le interesa el caso cubano.

Claro que a Marco Rubio también le interesa quedar bien con su electorado. Ahora vienen elecciones de medio término y luego las de 2028. Y Rubio podría tratar de ir como candidato a la presidencia o a la vicepresidencia. Es obvio que si Rubio ve que la liberación de Cuba puede poner en riesgo sus aspiraciones presidenciales, puede ser que lo posponga. Este es mi criterio, y lo estoy diciendo por primera vez, pero si Rubio viese que se perfila como el candidato republicano y que cualquier acción militar afecta la intención de voto del electorado estadounidense, puede ser que diga: «Lo pospongo y entonces se libera Cuba bajo mi mandato».

Eso sí nos pondría en una situación difícil. Hay quien dice: «Quien ha esperado 67 años puede esperar dos o tres más». Yo los puedo esperar. Ahora estoy en libertad. Pero hay un dolor profundo porque la gente se está muriendo de hambre en Cuba. Se están muriendo niños y ancianos constantemente. Diariamente recibo vídeos que me dan una tristeza tremenda. Niños llorando de hambre. Niños enfermos, con la piel llena de lesiones, de escabiosis, porque no tienen jabón para bañarse, porque no tienen leche ni comida.

[Coge su teléfono y, entre los cientos de mensajes que acumula de cubanos, muestra un vídeo de una niña claramente desnutrida que llora].

Esa niña llevaba tres días comiendo un pan al día y tomando un refresco instantáneo de esos que venden en Cuba. Llora de hambre. Cuando recibo estos mensajes, inmediatamente tengo que acudir a amigos, buscar dinero y mandarles 50 dólares para que puedan comer, para que al menos puedan hacerse una sopa.

La mayor satisfacción es cuando luego me llaman agradecidos porque pudieron comer. Para el que tiene agua potable, electricidad, combustible, atención médica y comida todos los días, se puede esperar. Pero para esas personas, un día más es terrible.

Por eso no puede pasar más tiempo. Ya se está diciendo que este será el último año del régimen. Espero que así sea.

Es lamentable la complicidad del Gobierno español con este régimen criminal.

A mí me duele doblemente, porque mi abuelo era gallego. Huyó de Galicia durante la Guerra Civil y terminó en Cuba. Allí trabajó muchísimo, montó un negocio, compró tierras y prosperó. Luego apoyó al ejército rebelde contra Batista. Pero cuando Fidel Castro instauró el comunismo y confiscó los negocios privados, lo perdió todo. Eso lo destruyó emocionalmente. Murió poco después, y mi abuela falleció de un infarto apenas 25 horas más tarde.

Yo crecí escuchando a mis padres hablar de la gran estafa que Fidel Castro hizo al pueblo cubano. Y me duele especialmente cuando veo que muchos de los equipos utilizados para reprimir al pueblo cubano —esposas, escudos, porras, gases lacrimógenos— vienen no solo de China, sino también de España. Incluso los candados de las cárceles donde yo estuve preso eran made in Spain. Y eso, como nieto de españoles, me dolía profundamente.


Ilustración: Imagen de la fotógrafa cubana Gabriela González.