Catch-Venezuela
El pasado 3 de enero, la noticia de la operación de extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores llevada a cabo por una unidad de élite de las fuerzas especiales del Ejército estadounidense fue recibida con pasmo universal. Con un balance mínimo en pérdida de vidas, la «Operación Determinación Absoluta» (Absolute Resolve) tardó apenas dos horas y veinte minutos en cumplir sin fallos una misión supuestamente difícil y riesgosa. Decir que nadie vio venir esta intervención es quedarse corto. Durante meses, expertos en Venezuela y analistas de geoestrategias hemisféricas, por no hablar de la turba de periodistas y opinadores habituales, se mostraron convencidos de que una intervención militar en el país caribeño tendría consecuencias muy negativas, tanto para la fuerza interviniente como para el país intervenido. Pocas horas después, sin embargo, al oír las explicaciones del presidente Trump en una rueda de prensa convocada en su residencia de Mar-a-Lago, el pasmo inicial trocóse en estupor y shock. Como es habitual en este personaje, Trump demostró una vez más su extraordinario talento para el braggadocio. En …

