Marcel Proust

A vueltas con la tradición literaria, más una fábula

El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. — William Faulkner Cómo leen nuestros contemporáneos es hoy una pregunta superflua o apremiante. Si lo primero, por la razón a la que apunta el desplome de los índices de lectura en nuestra y cualquier otra sociedad: muerto el perro, se acabó la rabia. Es evidente que se puede vivir y prosperar de la cuna a la tumba sin haber leído un solo poema, una sola novela, el más breve de los ensayos. Hay quienes declaran que la relegación de la literatura es marca de progreso; son los mismos que piensan que el único saber útil es el científico, y que la literatura es fumistería y distracción. ¿Qué puede enseñarnos una ficción? Y si las ficciones de hoy no aportan nada a la urgente tarea de hacer cuanto antes realidad el mundo feliz del radiante futuro, ¿qué decir de las de ayer? ¿Qué causa o razón puede justificar que dediquemos un minuto de nuestro valiosísimo tiempo a leer un verso de Shakespeare, un párrafo de Cervantes, un …

El mal deseado

El mal deseado

El amor es una cosa y su contraria. Es la fijación en el deseo sexual y la renuncia al sexo. En el primer caso, solo merece su nombre cuando se cumple el objetivo; en el segundo, la plenitud amorosa se obtiene prolongando indefinidamente el estado de deseo, lo que produce una mezcla inextricable de goce y tormento, y por ello el amor cortés, que concibió el deseo permanente como finalidad en sí misma, concediéndole así los atributos de una devoción no muy distinta del culto religioso ⎯del auténtico amor que un devoto puede sentir por la Virgen⎯, no se ha relacionado en vano con el masoquismo, pues la dama cortejada por su caballero mantenía con él una relación de dominancia que este aceptaba sumisamente como parte de su adoración, con lo que estaba obligado a someterse a los caprichos de su dueña y a aportar complicadas pruebas de amor, y aun a sufrir una suerte de castigos para desagraviarla de una supuesta ofensa o compensar una distracción de su entrega amorosa (véase Emmanuel-Juste Duits, L’autre …

El esplendor del fracaso

El esplendor del fracaso

Siendo en general dos escritores dispares en sus intereses y sus procedimientos, William Faulkner y Marcel Proust coinciden a menudo en lo sustancial y a veces incluso en el estilo. Faulkner es más oscuro que Proust, pero su oscuridad es el reflejo de lo que ocurre en el alma humana; en Proust —no en vano culmina con la Recherche la moderna tradición de la novela y el ensayo franceses— esa oscuridad se razona hasta despojarla de sus sombras. Los dos intentos son una bendición para el lector, y no diré que conducen al mismo sitio, pues son en cierto sentido opuestos, pero sí que se introducen en el mismo asunto y muestran de él aspectos que uno reconoce como verdades de su propia experiencia aunque quizás nunca hubiese sido consciente de ellas. Ambos hacen objeto de sus respectivas estéticas la compleja totalidad del ser humano, y ambos confían ese propósito a un estilo marcadamente digresivo, poblado de incisos, con una frecuente intercalación de guiones y paréntesis, en una subordinación continua que puede hacer alcanzar a …