George Orwell

La decadencia del progreso  

La realidad inminente es que un dron nos traiga la ropa de la tintorería, la utopía es un mundo con drones arcangélicos que mecen la vida del hombre nuevo y en la distopía acechan drones malvados que nos sorben el alma para convertirla en combustible para naves espaciales. Una contraposición entre novela utópica y novela distópica ya es una evidencia de la literatura, y más aún en el siglo XX. La utopía habla de un mundo que ha llegado o puede llegar a la perfección, mientras que la distopía, por el contrario, habla de un mundo que pretende ser ideal y acaba siendo trágico, catastrófico o apocalíptico. Después de tantos sistemas ideales que fueron un infierno, curiosamente todavía nos resulta más familiar el concepto de novela utópica que el de novela distópica. Será una herencia del siglo pasado, campo magnético para el fracaso de todas las utopías y escenario hecho realidad de las novelas distópicas. Ahora, utopía y antiutopía, tan presentes en la ciencia ficción como en el thriller tecnológico, por no hablar del cine, …

Walden y el peso de la costumbre 

Hay en la historia humana un esfuerzo persistente por anticiparse a las muchas formas de incertidumbre que rodean la vida común, a fijar de antemano aquello que, por su propia naturaleza, puede sostenerse sin exceso de detalle. Los pretores romanos determinaron cuántas bellotas podía tomar un hombre del suelo ajeno sin incurrir en falta e Hipócrates estableció la forma correcta de cortarse las uñas: determinaciones que no carecen de sentido, pues buscan evitar conflictos y prevenir daños, pero que revelan también ese antiguo deseo de prever más de lo que la vida exige, y con él la facilidad con que la norma, como forma institucionalizada de la precaución, acaba extendiéndose a lo que podría dejarse perfectamente en paz. No extraña que alguien quiera averiguar, en un mundo tan acostumbrado al orden, qué queda de la vida cuando se la libera de tanta tutela. Henry David Thoreau se retiró a orillas de la laguna de Walden para comprobar qué ocurre cuando se aparta ese exceso cauteloso y la existencia recupera, por decirlo así, su propio pulso. …