Max Weber

Especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón

Desde hace unos meses nuestro gobierno ha puesto de moda criticar a los llamados «tecno-oligarcas», aunque sea por razones distintas a las que aludirá este artículo. Tampoco sé bien si su protagonista entra en la categoría de «tecno-oligarca», pero desde luego es una de las voces contemporáneas más influyentes en lo que se refiere a tecnología y capitalismo: Marc Andreessen, empresario y principal socio de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz (inversores en Twitter, Facebook, etcétera) lleva semanas arremetiendo en X contra la introspección. Le preguntaron en un podcast si la practicaba en algún grado. «Cero. La menor posible». Argumentó que la introspección era enemiga de la acción, un invento manufacturado por Freud allá por el 1910, y desde entonces no ha cejado en su empeño por asimilar la introspección a una especie de debilidad o de ensimismamiento reservado a los temerosos y los improductivos. Elon Musk se ha sumado a la cruzada. No deja de tener gracia que para ejemplificar su postura usara como referencia a Marco Aurelio, cuyas Meditaciones son introspección ininterrumpida …

Walden y el peso de la costumbre 

Hay en la historia humana un esfuerzo persistente por anticiparse a las muchas formas de incertidumbre que rodean la vida común, a fijar de antemano aquello que, por su propia naturaleza, puede sostenerse sin exceso de detalle. Los pretores romanos determinaron cuántas bellotas podía tomar un hombre del suelo ajeno sin incurrir en falta e Hipócrates estableció la forma correcta de cortarse las uñas: determinaciones que no carecen de sentido, pues buscan evitar conflictos y prevenir daños, pero que revelan también ese antiguo deseo de prever más de lo que la vida exige, y con él la facilidad con que la norma, como forma institucionalizada de la precaución, acaba extendiéndose a lo que podría dejarse perfectamente en paz. No extraña que alguien quiera averiguar, en un mundo tan acostumbrado al orden, qué queda de la vida cuando se la libera de tanta tutela. Henry David Thoreau se retiró a orillas de la laguna de Walden para comprobar qué ocurre cuando se aparta ese exceso cauteloso y la existencia recupera, por decirlo así, su propio pulso. …