Benjamin Constant

A propósito de Benjamin Constant

La filosofía empezó a pensar seriamente el pasado cuando el proyecto moderno que arrancó a comienzos del siglo XVII llegó a su cumplimiento a finales del XIX. El pasado, la historia, se vuelve entonces tema de la filosofía. En otras palabras: la historia de la filosofía, hasta ese momento, era lo que estaba todavía por hacer, de modo que no podía ser aún objeto de estudio. Para que algo pueda ser en general tema de una investigación, primero tiene que reconocerse, encontrarse, descubrirse.  Decimos anacrónicamente que el tema de la filosofía griega es el ser, pero lo cierto es que, stricto sensu, el ser será lo que haya precisamente cuando ya no haya filosofía griega, porque es lo que en ella, en el recorrido que tradicionalmente se dice que va de Tales a Aristóteles, y desde el punto de vista de los que vienen después, se reconoce, se encuentra, se descubre. Del mismo modo, tampoco puede afirmarse que el tema de la filosofía moderna sea el lenguaje, el enunciado, porque eso, lo lingüístico, será precisamente …

Una revolución pendiente (glosa de Ortega)

Una revolución pendiente (glosa de Ortega)

Benjamin Constant insistió en la imposibilidad de que existiese una sociedad libre sin el cumplimiento efectivo de lo que llamó «principio eterno»: la limitación de todo poder; también el de la soberanía popular, en la que necesariamente descansa la legitimidad de la representación política en democracia, y que Constant, tras presenciar los desmanes de la Revolución francesa y la instauración del Terror en nombre de la justicia, ya vio como una fuente de despotismo tan o más temible que la monarquía absoluta. Desde su visión liberal progresista de la historia, coincidía en eso no solo con Madame de Staël y con Stuart Mill, sino también con los grandes pensadores liberales de tendencia conservadora como Edmund Burke y Aléxis de Tocqueville. Si la protección de la libertad ha de ser, en última instancia, el sentido de toda acción política —como quería Burke—, no puede haber nada más contrario a la política que la imposición, por parte de una mayoría, de una supuesta voluntad general, obtenida siempre por propaganda emocional y representada siempre por una camarilla que …