Turismo homérico
Desde su estreno, la Odisea de Christopher Nolan ha motivado discusiones en todas las direcciones sobre sus presuntos aciertos o desaciertos. Hay quienes desde un romanticismo ingenuo reclaman «fidelidad» a la adaptación y rechazan todo lo que les parece ⎯con un criterio más que dudoso⎯ que se aparta del original homérico; hay también quienes, por defender que ninguna reinterpretación de un clásico le debe fidelidad al original, dan un paso más y parecen concluir que cualquier decisión es válida, olvidando por el camino que a toda obra hay que exigirle siempre una consistencia interna. Ambos tienen en común que creen saber ⎯o suponen⎯ de antemano qué es eso de Homero y en qué consiste lo esencial de la Odisea. Hay un tercer grupo, más reducido, que se mueve en un espacio más sensato en la medida en que reconoce que no sabemos exactamente cómo hay que interpretar el texto original, pero sorprendentemente parece olvidar también algo esencial: que, aunque el diálogo con la tradición en cierto modo sea caprichoso, toda reinterpretación artística de un clásico, …
