Desobediencia civil

Walden y el peso de la costumbre 

Hay en la historia humana un esfuerzo persistente por anticiparse a las muchas formas de incertidumbre que rodean la vida común, a fijar de antemano aquello que, por su propia naturaleza, puede sostenerse sin exceso de detalle. Los pretores romanos determinaron cuántas bellotas podía tomar un hombre del suelo ajeno sin incurrir en falta e Hipócrates estableció la forma correcta de cortarse las uñas: determinaciones que no carecen de sentido, pues buscan evitar conflictos y prevenir daños, pero que revelan también ese antiguo deseo de prever más de lo que la vida exige, y con él la facilidad con que la norma, como forma institucionalizada de la precaución, acaba extendiéndose a lo que podría dejarse perfectamente en paz. No extraña que alguien quiera averiguar, en un mundo tan acostumbrado al orden, qué queda de la vida cuando se la libera de tanta tutela. Henry David Thoreau se retiró a orillas de la laguna de Walden para comprobar qué ocurre cuando se aparta ese exceso cauteloso y la existencia recupera, por decirlo así, su propio pulso. …