Una conquista frágil
Siempre he sentido un gran consuelo con la renuncia de Moses Herzog al final de Herzog (1964), la novela de Saul Bellow. Herzog tiene una capacidad extraordinaria para analizar el mundo. Formula diagnósticos sobre la sociedad, recuerda a los grandes filósofos y examina las motivaciones ajenas con precisión. Pero esa capacidad no le garantiza la comprensión de su propia vida. Escribe cartas a todos: amigos, familiares, amantes. Ninguna consigue sacarlo de la crisis en que se encuentra desde la ruptura de su matrimonio con Madeleine. Hay cosas que quizá no podamos llegar a comprender del todo. La traición de un amigo que se acuesta con tu mujer tal vez sea una de ellas. Herzog dispone de un vocabulario privilegiado para describir el mundo. Y aun así no consigue comprender su propia vida de una manera que le permita vivirla. El consuelo final es su renuncia: necesitamos razonar mucho antes de aceptar que la razón no siempre basta. En su discurso de recepción del Nobel de Literatura, en 1976, Bellow vuelve sobre esta cuestión, que atraviesa …




