Paul Valéry

A vueltas con la tradición literaria, más una fábula

El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. — William Faulkner Cómo leen nuestros contemporáneos es hoy una pregunta superflua o apremiante. Si lo primero, por la razón a la que apunta el desplome de los índices de lectura en nuestra y cualquier otra sociedad: muerto el perro, se acabó la rabia. Es evidente que se puede vivir y prosperar de la cuna a la tumba sin haber leído un solo poema, una sola novela, el más breve de los ensayos. Hay quienes declaran que la relegación de la literatura es marca de progreso; son los mismos que piensan que el único saber útil es el científico, y que la literatura es fumistería y distracción. ¿Qué puede enseñarnos una ficción? Y si las ficciones de hoy no aportan nada a la urgente tarea de hacer cuanto antes realidad el mundo feliz del radiante futuro, ¿qué decir de las de ayer? ¿Qué causa o razón puede justificar que dediquemos un minuto de nuestro valiosísimo tiempo a leer un verso de Shakespeare, un párrafo de Cervantes, un …

El sentido que no se alcanza

Algunos críticos literarios han querido ver en las Soledades de Góngora un trasunto en clave lírica de la descomposición de la nación española en tiempos de la decadencia de la monarquía y el descalabro económico de la sociedad, como si en ello estuviera la sustancia que hace de esa obra lo que es, lo que le confiere un sentido y justifica así su valor. No fue precisamente ese el motivo por el que la generación del 27 rescató a Góngora del olvido al que la incomprensión de sus grandes obras poéticas le condenó durante siglos. Así lo definió García Lorca en la conferencia que dio, hace cien años, en el Ateneo de Granada: Se dio cuenta de la fugacidad del sentimiento humano y de lo débiles que son las expresiones espontáneas que sólo conmueven en algunos momentos, y quiso que la belleza de su obra radicara en la metáfora limpia de realidades que mueren, metáfora construida con espíritu escultórico y situada en un ambiente extraatmosférico.  Y, por su parte, Dámaso Alonso alabó las Soledades, cuyos …