Anil Seth

Simulacros de interioridad

En un episodio del podcast Theories of everything, el neurocientífico Anil Seth y el biólogo Michael Levin tienen una conversación sobre si las máquinas pueden ser conscientes. El debate es conocido: unos sostienen que el cerebro es una computadora biológica y, por tanto, replicable en silicio; otros afirman que la consciencia es irreductiblemente orgánica, imposible de trasplantar a un sustrato digital. Levin propone algo distinto. Sugiere que la consciencia podría no depender del material específico —neuronas o transistores—, sino que tanto sistemas biológicos como digitales podrían acceder a lo que él llama «capas platónicas profundas de la realidad». Una versión actualizada de las Formas: patrones universales abstractos a los que diferentes arquitecturas podrían conectarse por rutas distintas. La hipótesis tiene cierta elegancia. Intenta escapar del reduccionismo burdo que equipara la mente a un software ejecutándose sobre hardware húmedo. Pero tropieza con un problema elemental: explica un misterio invocando otro misterio más profundo. No sabemos cómo emerge la experiencia subjetiva de los procesos físicos del cerebro —es lo que Chalmers llamó el «problema difícil» de la …